miércoles, 9 de enero de 2013

Ser Rambo, bueno, Ramba.

No recuerdo haber estado soñando nada pero irónicamente en ese exacto momento de no tener ninguna imagen orinica dando vueltas, abrí los ojos, escuché el zumbido, lo vi y lo único que atiné a hacer fue taparme hasta la cabeza. Te juro que lo vi pasar, estaba ahí, volando, esperando que me descuide para atacarme. Vi como entró a la habitación un super mosquito que tenía pegado a su cuerpo una super araña. Me tapé los ojos, no podía estar pasando, claramente era un sueño pero ese híbrido volador seguía ahí y toda las sensaciones que tenía ya no eran tan confusas. Quizás era un mosquito gigante o una araña grande, eso tendría más sentido pero más allá de lo que era o no era, tenía miedo y dudas: ¿qué hago, grito, me muero, pretendo que es un sueño (y si aparezco muerta a la mañana siguiente total no me voy a enterar), lloro, lo enfrento?. Espíe una vez más, ese bicho raro estaba dando vueltas cerca de las cortinas de la habitación, lo enfrento, sí, sí, es lo más ¿sensato?, bueno, dale. Me destapé completamente y salí disparada al living. Mi arma estaba ahí, enfrente de mis ojos, lista para usarse, la agarré, me metí corriendo a la cama y la usé: enchufé el veneno para mosquitos y otros bichos que dura un mes. Sonreí triunfante y dormí. A la mañana siguiente (o un par de horas más tarde del ataque) revisé toda la habitación en busca del pariente perdido y lejano del chupacabras de 3 centímetros para demostrar que algo de todo eso fue real. No encontré nada salvo el veneno para mosquitos enchufado del lado de mi cama. Al rato, empecé a sentir una molestia en los cachetes de la cola, el bicho yeguo antes de morir me picó un par de veces.
En conclusión, no era un híbrido, no era una araña, era un simple mosquito que logró su objetivo y ser disparador - por lo menos esa noche - de mi locura.

sábado, 5 de enero de 2013

Bailemos

Esta noche fui victima del insomnio. En esa situación no te queda otra más que reconocer que no depende de tu buena voluntad para seguir durmiendo sino de esperar y creer que al día siguiente el insomnio no te va a pasar tanta factura.

El pensamiento que me acosaba era claro: el futuro y mi presente, en ese orden. Uno habla de el, proyecta en el, piensa en el pero hasta que no te golpea la cabeza una noche de viernes a las 4 de la mañana, no confirmás que realmente está ahí y que todo lo que hagas hoy, sin duda, va a tener una reacción en el mañana, en tu vida y en los que ahora forman parte de ella. Bastante obvio, sí pero más obvio se hace si el pensamiento te despierta y te acosa hasta que tu cerebro ya no aguante más.

La realidad es que estoy en un buen momento de mi vida en varios aspectos pero este 'buen momento' no es ni un poco parecido a lo que pensaba que realmente me iba a pasar. Que hoy esté bien aunque no sea como me lo imaginaba no es algo que amerite un "y bueno, lo importante es eso: estar bien" sino que me veo rodeada de situaciones que no sé como moverme y al no saber como actuar en determinadas situaciones me genera esa ambigua y desesperada necesidad inexplicable de salir corriendo y de dejarme estar.

Mi papá la engañó muchas veces a mi mamá, hoy, por primera vez, tengo miedo que por estar conviviendo - que no es lo mismo que estar en una relación cama afuera - me hagan lo mismo. Tengo miedo de estar en una situación que no me invite más a salir, que me convierta en una persona horrible ante sus ojos, en ser vista solo como una ama de casa - por más que tengo mi trabajo y mi facultad -, en no ser deseada, en no ser atractiva intelectual y fisicamente, en que las palabras románticas no lleguen más a mis oídos, que el sexo sea una porquería, que no haya más besos románticos, que no haya tiempo, que no se den más las conversacione del principio, que nos convirtamos en extraños, en que no haya comprensión ni que entienda más que estas preocupaciones sin fundamentos solo necesitan una mirada comprensiva, un abrazo, un te amo y un "todo va a estar bien". Lo más irónico de todo es que a él no le pasa todo esto, a él lo que importa es que estamos bien. Todo bien pero eso no me consuela ni me quita la breve locura en la que estoy metida.

Nadie, absolutamente nadie te dice como va a ser el convivir con tu pareja. Sí, escuchás el "al principio es dificil" por más que ya estaban en una semi conviviencia. Yo diria que más que dificil es un poco enloquecedor tener todas esas cosas de golpe en la cabeza y a eso sumale que en la vida de tu pareja está presente su ex porque tienen un hijo.

Un aplauso para la que no sabe qué, dónde, cómo reaccionar y se siente en una estado de vulnerabilidad de la puta madre.



viernes, 4 de enero de 2013

Hola Arjona

Cortito pero directo: doy señora de las 9 décadas pero no estoy ni cerca. Para reflexionar.

Un montón de nada

Creo que a todas nos pasó alguna vez y si no te pasó, te felicito. Como todo tema, siempre está la excepción a la regla y tampoco es que me crea 'la mujer cerebrito' que puede abarcar las mil variables de actitudes femeninas hacia el tema. Si empiezo afirmando que cada persona es un mundo - por más cliché odioso que sea - quedo libre de culpa para escribir algo que me pasó y me pasa a mi entorno y a mi y que las excepciones las dejo de lado para que me digan que me equivoqué o que callen para siempre. Dejando el divague de lado, empiezo.

Los ex, no es que tenga un millón pero los que están en mi historia alcanzan y sobran para poder arrancar. Voy a mencionar a 2: Juan y Javier.

Hoy arranco con Juan. Nuestra relación duró 2 años, con una separación al año de novios que duró 2 meses. Si me pongo en malintencionada y superada, podría afirmar que él estaba caliente con otra mina y aprovechó la situación. Yo, boluda de primera categoría, escuchaba tooodas esas canciones odiosas para dejar expuesto el puñal que el estimado Juan me había clavado al pedirme un tiempo con excusas del mundo de los extraterrestres. Claramente, al año cuando saltó con lo mismo, no me consolaba a mi misma con cosas melosas y pegajosas sino escuchando tanto heavy metal que deseaba tenerlo enfrente para pegarle un par de chachetazos para que se le acomoden las ideas. Por suerte, no pasó.
Al poco tiempo, me fui a vivir afuera ya que a mi papá y a mí nos habían ofrecido trabajo en el exterior. Del tipo no supe más hasta que regresé a Buenos Aires un año y medio después. Juan, seguía siendo el mismo pero se le había metido en la cabeza que él me debía algo (si, las que se habrá mandado cuando me pidió los tiempos) y para compensarme él quería cuidarme, término utilizado por él - lo juro -. La verdad que como él, nadie me había endulzado tanto los oídos pero agradezco tener momentos de lucidez en los que sé que hay algo que no funciona. Como yo no creía en su intención de querer cuidarme "porque sí", él redoblo la apuesta: me dijo que quería casarse conmigo. WTF*, chabón hace año y medio que nos separam... que me dejaste y ahora te querés casar conmigo, no way*. Esas propuestas se dieron en las 2 ó 3 veces que salimos a tomar un café - que reconozco que en ese momento me mimaban el ego pero fueron completamente innecesarias para los dos -. O sea, en el segundo cafecito que te digo que no te quiero presente en mi vida, en el tercero me pedís que me case con vos, muy serio todo. Al final, para no aburrirlos, le dije que para que no me quede la imagen de él como un hijo de puta necesitado que me buscaba con excusas baratas para coger, lo mejor era que nos dejaramos de ver porque para mí coger con él no era una opción y mucho menos creer que él se había convertido en un principe azul de Disney. Después de eso, Juan desapareció por dos años pero como novela barata, apareció hace un año intentando saber como estaba a través de un mail que jamás contesté y antes que termine el 2012, exactamente lo mismo. 

Uno desde afuera podría interpretar que Juan estaba siendo bueno, amable o lo que sea pero la clave de mi actitud está en las dos veces que me dejó y que estoy 99,9% segura que fue para estar con otra persona. No eramos nenes y mucho menos adolescentes, entonces, a la larga te das cuenta que a menos que quieras desquitarte con un poco de sexo - que no es mi estilo - aunque el tipo te pinte el mundo con excusas ideales para que estén juntos, por amor propio, no te acercás porque ya no te interesa. También, en el encuentro con un ex (como Juan) al principio te animás para ponerte al día, ayuda mucho que el tipo sea muy extrovertido, pero después cuando estás adelante de esa persona te das cuenta que todos los proyectos, todas las risas, todos los momentos que compartieron juntos se fueron directo a la Papelera de Reciclaje y que vos no tenés ni un poco de ganas de querer recuperar todo eso que realmente, ya pasó. Te das cuenta que por más que puedan hablar y tomarse un café, estás viendo a esa persona con los mismos ojos de cuando estaban juntos pero encontrando las mil y una diferencias con el que realmente está sentando enfrente tuyo. El ex está para recordarte en la mejor y en la peor onda porqué esa relación no funcionó. 

De todas maneras, falta la historia de Javier, que para mí, es la mejor. Mejor porque saca a luz unos cuantos estereotipos que son tristes pero reales. 

*Aclaración: odio, detesto esta nueva moda en el lenguaje de mezclar español con inglés - ejemplos tengo varios - pero me di la licencia de usar el WTF y el no way para reforzar la idea de lo ilógico que era la situación. En conclusión, hago lo que se me cante aunque lo critique con mi alma.